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_Noticias

Para los miembros del Taller de Jóvenes Dikendi

Una vez conocí a un escritor que presumía abiertamente de no leer jamás. Recuerdo haberme quedado de piedra ante tal afirmación y haberle soltado algo parecido a un reproche velado que él ignoró. Muchos años después de aquello y con varios libros escritos a mi espalda, todavía no comprendo cómo se puede escribir sin leer; es algo que no entra en mi cabeza. Para alguien que escribe o que quiere dedicarse a escribir la lectura debe ser amplia, generosa, sin límites... Un libro debe llevar a otro, un tema a otro y un género a otro. Jamás se ha leído lo suficiente ni se ha estudiado lo suficiente como para sentirnos plenamente seguros de nuestro trabajo literario. ¿Cómo aprende a escribir un autor? Leyendo y releyendo a aquellos escritores que admira, fijándose en cómo resuelven tal situación, tal diálogo, tal descripción, dejándose impregnar por sus ritmos, su música, su estilo. Y, por descontado, aprendiendo los nombres de las cosas. Tenemos la inmensa suerte de contar con una lengua sobrada y poderosa. Siempre hay una palabra para todo, un sinónimo para no repetirnos, un adverbio para enriquecer la frase, una metáfora para aclarar las ideas o un adjetivo para manipular los cinco sentidos del lector. Y la lectura es la que nos proporciona estas herramientas. Un músico utiliza instrumentos musicales, un pintor los pinceles y el lienzo (o el ordenador y un programa de diseño gráfico), un fotógrafo su cámara y un escritor, el lenguaje. Escribir sin leer carece de sentido. Por cierto, aquel escritor que no leía ha caído en el olvido.

Con cariño,

Matilde Asensi.

Texto para Taller Dikendi Badajoz. Leer y escribir